Este miércoles 4 de marzo, los 273 afiliados habilitados para sufragar no solo elegirán autoridades, sino que definirán si la Asociación del Personal y Empleados Legislativos (APEL) recupera su rol de defensa activa o continúa con la dinámica actual.
La conducción que finaliza su mandato llega al acto eleccionario en su punto de mayor fragilidad institucional. La figura del Secretario General, Claudio Bianco, se ha visto seriamente erosionada, algo que quedó de manifiesto el pasado viernes cuando la asamblea rechazó de plano la propuesta de Memoria y Balance de los ejercicios 2023, 2024 y 2025.
Este revés administrativo, que obliga a tratar los números del gremio después de los comicios, es el síntoma de una gestión que ha perdido el termómetro de sus representados. En este contexto de debilidad, la Lista Blanca "Unidad Legislativa", encabezada por Miguel Campos y Estela Loaiza, intenta una continuidad que hoy parece carecer de sustento en los afiliados.
Frente a este escenario de desgaste, la Lista Celeste Somos Legislativos —encabezada por los exparitarios David Catrihuala y Layla Gironi— se ha consolidado como la expresión de la renovación necesaria. No es un crecimiento azaroso: la Lista Celeste Somos Legislativos viene dando un fuerte debate en las asambleas, logrando superar por amplitud a la conducción actual en los votos de las últimas mociones, lo que demuestra que el consenso mayoritario ya ha virado hacia la transformación del gremio.
La propuesta de la Lista Celeste Somos Legislativos se apoya en pilares que el oficialismo ha descuidado sistemáticamente. Mientras la inflación no da tregua, los meses de enero y febrero transcurrieron sin una sola instancia de recomposición salarial. Durante todo el 2025, los paritarios oficiales apenas consiguieron, en meses aislados, un magro 2% por sobre el IPC, una cifra que lejos está de satisfacer las expectativas de los trabajadores y sus alicaidos salarios.
Uno de los puntos más críticos que busca revertir la Lista Celeste Somos Legislativos es el freno a la carrera administrativa, tal es así que hace tres años que no se realizan recategorizaciones, una herramienta vital para la dignidad del trabajador que la gestión actual ha dejado en suspenso salvo alguna tibia expresión.
Fuente: Tiempo Sur



