El Gobierno de Venezuela informó que ya son 235 los muertos y 4.300 los heridos por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país.
Los estados de La Guaira, Miranda y el Distrito Capital concentran la mayor parte de los daños provocados por los movimientos telúricos y allí continúan las tareas de búsqueda y rescate.
En las horas posteriores a los sismos, el Gobierno recomendó a la población no permanecer dentro de edificios ni regresar a las viviendas. La medida obligó a miles de personas a pasar la noche en plazas, calles y espacios abiertos por temor a nuevas réplicas y posibles derrumbes.
Si bien algunas construcciones no presentaron daños de consideración, otras sufrieron colapsos parciales o totales que representan un riesgo para los habitantes y dificultan las tareas de asistencia.
La situación más crítica se registra en La Guaira, declarada zona de desastre por las autoridades nacionales. La región, históricamente golpeada por inundaciones, deslaves y otros fenómenos naturales, volvió a sufrir severas consecuencias con el derrumbe de edificios residenciales, hoteles e infraestructura estratégica.
Entre los espacios afectados figura la terminal internacional del aeropuerto de Maiquetía, además de establecimientos vinculados al turismo, una de las principales actividades económicas del estado.
En Caracas también se reportaron importantes daños estructurales. Sectores como Los Palos Grandes, en el municipio Chacao al este de la ciudad capital, y San Bernardino y El Paraíso, en el municipio Libertador, registraron el colapso total o parcial de diversas edificaciones.
Durante las primeras horas posteriores a los terremotos se produjeron interrupciones generalizadas en los servicios de telefonía móvil, telefonía fija e internet. Sin embargo, con el correr de las horas, la conectividad comenzó a normalizarse y los sistemas recuperaron progresivamente su funcionamiento.
La tragedia también volvió a poner en evidencia las limitaciones del sistema sanitario venezolano y de los organismos de emergencia. La falta de equipamiento, insumos y recursos humanos suficientes complica tanto la atención cotidiana como la respuesta ante una catástrofe de esta magnitud.
En el mismo sentido, bomberos, equipos de protección civil y rescatistas enfrentan dificultades operativas para intervenir de manera rápida y eficiente en las zonas devastadas.
En medio de este escenario, distintos países comenzaron a enviar asistencia humanitaria. Entre ellos, Estados Unidos anunció el envío de ayuda financiera, insumos médicos, alimentos y equipos especializados en rescate, en el marco de la ola de solidaridad internacional que recibe Venezuela tras la tragedia.
República Dominicana, El Salvador y México también enviaron equipos especializados en búsqueda y rescate.
Por el momento, el Gobierno venezolano no presentó un plan integral para la reconstrucción de las áreas afectadas. La presidenta Delcy Rodríguez señaló que la prioridad absoluta continúa siendo localizar a las personas que permanecen atrapadas bajo los escombros.
fuente: tiempo sur


